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    April 25

    Pierre

     

    Hoy he quedado con él, a partir de las seis y media.

    Llegará diez minutos tardes, como siempre, por eso prefiero que me pique el timbre a esperarme en la calle.

    Pero además hoy quiero que suba. Hoy sé que estaremos solos toda la tarde. Hace demasiado tiempo que no le tengo para mi y lo necesito, le necesito.

    Suena el timbre.

    - Hola! subes? estoy acabando unas cosas.

    No le doy ni tiempo a que me diga que se espera abajo. Y cojo las sábanas que hay en la galería tendidas haciendo ver que estaba marujeando y cuando el se asoma por la puerta me encuentra en medio del pasillo. Las dejo en la mesa del comedor y voy hacia él.

    Sabe que yo podía bajar, que podía dejar lo que estaba haciendo, pero ha subido.

    Un par de besos en medio del pasillo. Pero necesito más:

    - Me dejas que te abrace? lo necesito.

    - Por supuesto...

    Y nos fundimos en uno solo. Y empiezo a sentir su olor, en su cuerpo y en su ropa, ese olor que no puedo olvidar y que queda en mi durante horas cuando él ya no está. No quiero dejarle ir, no quiere dejarme ir. Cogidos por la cintura nos miramos a los ojos.

    - Te echaba de menos.

    Las palabras fluyen entre nuestros labios a la vez, como si de una sola voz se tratara. Y sonreímos. No ha cambiado nada desde la última vez que nos vimos. No ha cambiado nada desde que nos conocimos hace ya más de tres años.

    Pasamos por la cocina y abrimos la nevera.

    - Sírvase usted mismo!

    Una cerveza fría, sentados en el sofà, el balcón abierto, la primavera entrando con descaro, el perfume de los tilos a punto de estallar en flor, las golondrinas, el murmullo de gente paseando, la luz del sol de media tarde... y él a mi lado.

    Y empezamos a hablar. Trabajo, familia, parejas, libros, discos... hablamos de todo y de nada, y nos reímos mirándonos a los ojos y viendo como nos brillan solo por estar el uno cerca del otro.

    Yo, en el sofà, cerca de él, demasiado cerca. Y me mira. El sol que entra por detrás de mi le ilumina la cara.

    - Pues me alegro muchísimo de que estés bien, haces muy buena cara.

    Y pone su mano en mi rodilla dando un simpático golpecito. Pero no retira su mano. Se queda allí, y sus dedos empiezan a moverse.

    Es primavera, la sentimos los dos.

    Ayer le llamé

     

    Escuché su voz diciéndome "hola!" a través de la línia Y de los quilómetros que nos separan y me dió un vuelco el corazón. Siempre olvido ese acento tan dulce y característico que tiene.

    Solo escuchar como pregunta si estoy bien ya me aparece esa estúpida sonrisa en la cara que va de una oreja a la otra. Y sonrío por primera vez en todo el día.

    Estoy en el sofá de casa, espero que él no salga de su "cuarto de juegos" al otro lado del piso y no sepa que estoy al teléfono. Le he dicho que hoy le llamaría, pero no quiero que me vea esta cara tontamente primaveral. O primaveralmente enamorada? O tontamente enamorada? No se lo tomaría demasiado bien.

    Empezamos a charlar, le doy la mala noticia de que vengo del entierro del padre de un amigo común y noto su voz afligida por no saberlo aún. Tampoco hubiera podido estar aquí, pero tendría que haberlo sabido antes.

    "Más que nada te llamaba por esto, ya imaginé que nadie te lo había dicho. Ella no está tampoco bien, le han venido demasiados malos y recientes recuerdos a la cabeza. Habla con ella cuando puedas, la animarás un poquito. Ya sabes que yo no puedo hacerlo."

    "Y que más te cuentas?"

    Y en ese momento suena una inoportuna canción que parece hecha a medida para nosotros y aquel momento:

    Miedo de hablar, de decir alguna cosa que no te pueda gustar, de dejar otra mentira a tu medida.

    Miedo de callar, guardando las palabras en cualquier cajón para no deprimirte ni hacerte bostezar, saber lo que piensas con esa mirada que no sé que me esconde.

    Llevamos días mandándonos correos hablando de lo que sentimos sabiendo que no puede haber más de lo que hay. Sabiendo que yo le quiero, que lo dejaría todo por él, pero que estoy enamorada de otra persona, sabiendo que se siente atraído por mi, que le gusto y me podría querer más de lo que ya me quiere y sabiendo que los dos lo supimos des del primer momento en que nos vimos...

    Y ya está, aquí empiezo yo a balbucear, con mi marcado acento "extranjero" que tanta gracia le hace. Sé que sonríe, lo noto, le veo. Se ríe de mi forma de hablar, de mis titubeos, de mis dudas ante palabras que me vienen a la cabeza y no se traducir. Me ayuda. Y nos reímos los dos.

    Cada vez me siento mejor, más feliz, más tranquila. Tiene esta facultad. Me inunda con su paz, con su calma y con su tranquilidad. Realmente somos polos opuestos en muchas cosas, quizá por eso nos atraemos? Pero también sabemos que no puede ser. Demasiados quilómetres, demasiadas otras personas, demasiados demasiados.

    Pero estoy tranquila, me siento feliz, sonrío otra vez.

    Y hablamos minuto tras minuto y esa media hora se convierte en una eternidad, y no sabes que decir pero él sigue allí, esperando que sigas contándole cosas. Y cuando dices "bueno, ya está, esto era todo lo que te quería contar" empieza a hablarte de cualquier cosa que le pase por la cabeza. Lo que hará el fin de semana, como le va en el trabajo, ese juego nuevo que se ha comprado, esa página que ha descubierto en internet... y no deja que le cuelgues el teléfono. Y juraría que su voz suena tan feliz como la mía.

    No se lo digas a Mirko pero empiezo a conocerle...

     

    Fisgo.

    Husmeo.

    Indago.

    Tiene adicción a la red y eso le hace localizable con gran facilidad. Fotos, blog, más fotos, los blogs de otros, orgías perpetuas... parece como si todo me llevara a él.

    Cuando le conocí me dije que no nos parecíamos en nada, que no encajaríamos, que éramos polos demasiado opuestos.

    Puedo confirmar que la primera impresión no es siempre la buena, ni la válida ni la cierta.

    No se lo digas a Mirko, pero me gusta su lunar. Le hace distinto, le hace especial. Todos somos distintos de la misma manera en que todos somos iguales pero eso es sólo suyo, ya aprenderá a querelo.

    Empiezo a comprenderle, a tenerlo más cerca, empiezo a conocerle.

    Empiezo a ver que no somos tan distintos.

    Incluso empiezo a tenerle envidia.

    Le pasa como a mi. Tiene timidez en demasía. Pero el reacciona con un característico mutismo y yo hablando demasiado. Pero acabas conociéndole y cogiéndole demasiado cariño. Y digo demasiado porque te vienen ganas de tenerlo cerca a diario. De contagiarte con su calma, de llenarle los oídos con palabras que sabes que serán escuchadas.

    Le pasa como a mi. No sabe salir de fiesta. Pero no es que no sea un buen animal nocturno. Solo le falta la compañía adecuada y unos buenos juegos de mesa, una buena conversación, una buena música... Quizás incluso le gustaría con un par de velas? Eso aún no lo he podido averiguar. Tiempo al tiempo, tenemos una vida por delante.

    Le pasa como a mi. Se siente payasete de vez en cuando. Y aquí es donde yo le envidio. Si se siente mal se pone la nariz roja y desaparece su bajón. Yo me pongo la nariz más a menudo pero cuando tengo un bajón solo puedo tenerla en mis manos, dejar que juegue entre mis dedos. Y ella me mira, desafiante, preguntándome si tengo valor para usarla. Y no lo tengo, no lo encuentro. Solo soy capaz de volver a guardarla en su lugar y esperar a que otro momento sea mejor que ese.

    No encajaremos me decía yo, pero solo hace falta entrar en su blog para ver lo muy equivocada que estaba. Me dejo llevar por sus fotos, por sus sensaciones, por sus viajes, que poco a poco empiezan a ser un poco míos, por sus palabras, su magnífica manera de escribir y de expresarse... Me quedo sola, todo desaparece a mi alrededor, es como entrar en otro mundo y dejarlo todo atrás durante unos minutos que parecen una eternidad. Y me voy, me voy con él.

    No se lo digas a Mirko, pero ya no viaja solo. Viaja sin saber que está acompañado por mi. Por mi y por todas las otras personas que estan pendientes de que llegue y cuelgue sus sensaciones a mano de todo internauta curioso.

    No nos parecemos en nada me decía yo. El jurado y Harry Potter me absorbieron por completo, pero por demasiado poco tiempo. Cuando un libro me gusta no tengo por costumbre leerlo, lo devoro. Préguntale a Mirko cuando le veas que le pareció El guardián entre el centeno. No te puedo decir como, pero sé que lo leía cuando le conocí.

    No nos parecemos en nada me decía yo: RegresoS al futuro, El silencio de los Corderos ( han parado ya de chillar los corderos, Clarice?), Terminator, Casablanca, Vértigo, La bella y la bestia (es sorprendente Mirko. No se lo digas, pero seguro que me sé las canciones mejor que él), Quién engañó a Roger Rabbit?, Alien/s (Jonsi??), Toy storie(s), Señores de los anillos, Terminator, Matrix (dile a Mirko que algun día, con tiempo, le contaré mi teoria de Matrix y Terminator, que las secuelas de la segunda pueden llegar a tenir un sentido), Cadena Perpetua (quién pudiera beberse esa cerveza fría en el tejado...), La jungla de cristal, La gran evasión, Blade Runner.... Y como pendiente y en casa Lost in translation. Y yo que decía que no nos parecíamos en nada...